martes, 6 de mayo de 2008

Blackout, relato propio (fragmento)




El viejo contrato con la Crown-Hentai se había convertido en algo más que un simple trabajo. Se había convertido en una forma de vivir. Cuando firmé el contrato estaba cegado por la cantidad de beneficios que me podía comportar, y durante mucho tiempo valió la pena, hasta que las cosas empezaron a salir de su cauce. Durante seis años presté mi cuerpo al desarrollo de la tecnología de la corporación para la que trabajaba.
Entre sus múltiples facetas se hallaba la fabricación de implantes neuronales cibernéticos: portales de acceso que permitían acceder a lo que conocemos como la Matriz, la gran conjunción universal de Información, directamente desde el sistema nervioso, conectando todos los sentidos a una realidad completamente digital. En un principio el trabajo parecía algo arriesgado, pero la remuneración era francamente buena y parecía que era suficiente compensación.
Me implantaron las nuevas conexiones directamente a mi sistema nervioso y me pasaba horas y días enteros probando su eficacia y su velocidad de acceso.
Uno de los primeros problemas que surgieron fue que el ancho de banda era tan amplio e intenso que la cantidad de información que mi cerebro recibía era mayor que en circunstancias normales. Procesaba más información de lo que los sentidos hubieran transmitido a mi cerebro en circunstancias normales. El resultado fue un desfase de percepción entre el tiempo en que permanecía conectado a la Matriz y el tiempo en que permanecía fuera de ella. Tenía la sensación de que había transcurrido más tiempo en el interior del que realmente había sido.
En el mundo real podían haber transcurrido tres horas. Dentro de la Matriz ese mismo tiempo podía traducirse en semanas enteras. Me alejé de mi familia, de mis conocidos, trabajando cada vez más y más horas. Terminé convirtiéndome en un adicto a la red digital.
Cuando volvía de mis viajes empecé a percatarme de que algo funcionaba mal. De alguna forma, mi metabolismo cambiaba y se adaptaba al ritmo temporal de la Matriz por la cantidad de información que mi cuerpo recibía y por el tiempo que creía permanecer allí dentro. La realidad exterior, el mundo real, era cada vez más extraña y distinta. Empecé a llamar a ese efecto, a esa sensación de desajuste, “La Dimensión Desconocida” como un simple chiste, porque era una sensación que empezó a parecerme divertida.
Todavía no me percataba de lo que aquella de-sincronización podía llegar a significar.


Finalista III Premio de Ciencia Ficción Manuel de Pedrolo 1999 (versión V.1 en catalán)

Relato Seleccionado por la
Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCT) para su Antología "Fabricantes de Sueños 2008" de los mejores relatos publicados en 2007 en lengua española de Ciencia Ficción, Fantasía o Terror. (para la V.2 Versión revisada y traducida al castellano). http://www.aefcft.com

Versión completa en Libro Andrómeda (pdf)