martes, 6 de mayo de 2008

Galeria de Almas, relato propio (fragmento)



Con una simple mirada al cielo sabe a la perfección por dónde va a amanecer. El destino irrefrenable que lleva a que los rayos que surgen de las entrañas del astro rey se conviertan en mensajeros de la luz inequívoca,con la monótona misión de cada mañana de barrer con dulces tonos cálidos la oscuridad que ha prendado el cielo durante la noche.
Aún y a sabiendas, Raúl no puede evitar levantarse cada mañana y salir al balcón de su estudio a contemplar el hermoso teatro del amanecer. A sentir la brisa matinal acariciar su torso desnudo, mientras la luz que se alza por el horizonte llena sus pupilas de una nueva e incesante claridad que le da los buenos días.
Raúl sonríe. Sus ojos todavía están enmarañados por el corto sueño del que ha disfrutado esta noche. Vuelve a entrar en la habitación mientras corre con cierta emoción las cortinas de los ventanales, dejando que el alba invada la estancia. La tela se alza delante de él. Los tonos oscuros brillan con la llegada del sol y los trazos rojizos que pueblan la pintura cobran nuevos matices y tonalidades que hasta ahora habían sido negados a los ojos de Raúl con el único sustento de las velas nocturnas.
El cuerpo de una joven desnuda, de piel blanquecina y suave. Las mejillas sonrojadas y los labios de un apasionante y tentador carmín. Los ojos, marrones como el café. La mirada perdida en la nada. Los oscuros rizos de la hermosa melena descienden por su pálida tez hasta mezclarse con el tono rojo que cubre el tierno cuerpo. Raúl suspira mientras lucha por mantener el aliento. La escena es
maravillosa. Las proporciones magistrales, y los tonos y los colores, simplemente indescriptibles.
Con una nueva sonrisa, el joven vuelve a dar la bienvenida a la luz de la mañana que ha destapado su obra cumbre. El sueño de una virgen, cuyo cuerpo yace a pocos metros de la pintura, desposada sobre una blanca sábana de seda, con los ojos perdidos en el techo de la habitación. Sus orondos senos ya no se mueven. Su aliento se ha perdido en el aire y sus labios, entreabiertos y todavía húmedos, sólo pueden ahora saborear el dulce beso del joven, que acaricia sus sonrosadas mejillas mientras disfruta del dulce contacto. Y después, un breve murmullo, como un suave suspiro.“ Gracias ”.
Raúl se aleja lentamente de la muchacha, mientras el brazo de la chica se desliza por la sábana blanca al perder el contacto con la mano del joven. Él no deja de mirarla, de contemplar agradecido y maravillado la luz de la mañana que llena la sala y le permite ver con nuevos ojos a su bella modelo.

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